Situado en el número 41 de la madrileña avenida de América y próximo a otro hito de emblemática construcción de 1969, el edificio Torres Blancas de Sáenz de Oiza, emerge esta estructura creada por Felipe Saez de Gordoa. Una gran explosión de colores y el «canto» a la libertad del poeta francés Paul Éluard son los encargados de dar la bienvenida a los clientes a través de los toldos que cubren la fachada.
Una vez dentro cada uno de los pisos muestra al huésped un diferente concepto de hotel. Resueltas con mayor o menor acierto, las doce plantas que componen el edificio han sido creadas a partir de distintos materiales, colores y formas combinados teniendo presente siempre un sello de identidad: la libertad. Desde el bar de Marc Newson y el vestíbulo de John Pawson hasta la azotea de Jean Nouvel ?autor también de la fachada? se ha perseguido un mismo objetivo: ofrecer un espacio donde cada uno de los arquitectos pudieran reflejar su forma de ver el mundo.
Partiendo del mismo sótano, el coloreado garaje de Teresa Sapey da una pista del ecléctico espacio con el que nos vamos a encontrar. Idea que se confirma con el vestíbulo de John Pawson: un panel elíptico de finas líneas hechas de madera resuelve este punto de encuentro. Buscar la fluidez en el diseño es uno de los objetivos de Zaha Hadid, sus habitaciones, situadas en la primera planta, son espacios sin fisuras y sinuosos que recuerdan al paisajismo de Gaudí. Norman Foster se ha encargado de la segunda, a la que envuelve de un sereno ambiente con formas que homenajean a Chillida. Tras el tercer piso de David Chipperfield llegan las imposibles geometrías de acero inoxidable de Eva Castro y Holger Kehne. Para la quinta, Victorio y Lucchino se dejan llevar por el barroquismo y neo decó. Marc Newson se encarga de la sexta y el siempre provocador Ron Arad vuelve a hacer «de las suyas» con la séptima. Después, llega el proyecto interactivo de Kathryn Findlay y tras ella, Richard Gluckman en la novena. El japonés Arata Isozaqui también ha querido dejar su huella en esta experiencia transmitiendo la elegancia del país nipón en la décima planta. Totalmente contrario al estilo de Javier Mariscal y Fernando Salas, que resuelven las habitaciones con una paleta de colores. Y tras la once, llega la última planta, cuyas suites recuperan la finas líneas del estilo japonés de la mano de Jean Nouvel.
Un total de 342 habitaciones se han repartido este «libro abierto» del diseño. Dormir en este singular espacio cuesta, de momento, 185 euros más IVA ?las suites junior, cien euros más?, precio que se incrementará en otoño, cuando el hotel esté completamente rematado y se inaugure oficialmente.
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